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   Esta semana se vio resumida en un suceso muy importante para mí, pero que extrañamente, cuando sucedió no  fue lo que esperaba. Por supuesto, hablo de mi titulación, si bien, ya soy licenciado no encuentro mucha diferencia. El papelito me lo dieron el viernes, y ayer que desperté solamente tuve esa cruda moral que me dice que ahora soy gente mayo. Sin embargo, un suceso tan importante como terminar oficialmente mi licenciatura qué me ha dejado? Si bien, la forma en que obtuve el titulo no fue lo que hubiese anticipado el resto del mundo, porque bueno, ni siquiera hubo ceremonia, y me entregaron el coso ese dos horas después de que me citaron, y no fue lindo. Pero ya lo tengo, y considero que es lo que importa. Socialmente esta semana se vio en un nivel estándar, pero agradable. Sentimental sigue siendo cero. Y aunque he pensado en alguien, considero que no es tan necesario seguir dando alas a un sentimiento que ya no puede volar. No se que pase mañana, porque también sucedió algo sin precedentes, por lo menos las últimas 24 horas, y es dar el siguiente paso en la vida académica, pues decidí entrar a una maestría, la cual, mañana iré a entregar la solicitud. No se que suceda, y me da miedo, pero considero que todo saldrá bien. Al menos, de quedarme, tendré un horizonte más amplio para mirar y me saldré de este circulo raro en el que me encuentro inmerso, claro, para entrar a otro. Al menos conoceré más personas, y creo que eso esta bien. Ya es hora de comerse al mundo.

   Esta semana sucedieron cosas interesantes. Vi a las tres personas que tuvieron mi corazoncito oficialmente en su momento y hablé personalmente con dos de ellas. Sin embargo, un cuarto elemento irrumpió inesperadamente en tan singular contienda, lo cual significó un pertinente y maravilloso triunfo sobre la miseria. Pues, se encarnó una manifestación canónica en breves momentos para recuperar algo que hace tiempo se perdió. El dos de febrero, que tenía un significado importante para mi, ahora se pinta con una nueva efeméride que bien, no pudo ser el anillo mas perfecto para mí. Un retorno a un país de días nublados y tardes de café acompañados de humor negro y tierno. Una esperanza sólida para este viejo gato bohemio. Pues esta persona, no solo tiene un acertado regreso a mi vida en un momento tan infertil como este, sino que también significa una de las mejores decisiones que pude haber tomado, y que por razones divinas, perdí esa oportunidad por otra que lucía también prometedora. Pero ahora me siento aligerando el paso para regresar a pie a esa bifurcación para tomar un nuevo camino que se quedó pendiente por recorrer, y que ahora, lentamente, espero retomar ese ritmo que alguna vez abandoné. Estoy consciente que el camino no es facil, y mucho menor corto, pero estoy dispuesto a reestablecer, fortalecer o mejorar lo que en algún punto de mi pasado se quedo suspendido en un estado catatónico, un coma que por fortuna pinta ser reversible, y en el que ahora me siento completo de nuevo. Me siento yo mismo de nuevo. Y con su aroma de vuelta, puedo decir que yo mismo, también he regresado.

   Tal vez a nadie le importe, o probablemente no lo encuentre interesante, pero desde hoy doy la sección “El suceso del día” cambia su nombre al de “El suceso de la semana”. Razón? Me da flojera poner una cosa diaria, porque a veces no sucede nada impresionante en la jornada, así que mejor lo dejo como resumen sabatino.  Y pues bueno…. nada. Bye.

   Por aras del destino el viernes pasado amanecí en mi casa y atardecí frente a la playa. Una situación única y poco común, puesto que un viaje de esta índole significa una buena dosis de vitaminas para el espíritu. No existe mejor terapia mental y física que caminar sin rumbo junto al mar y descubrir la belleza que existe en esa conexión entre mis ojos y el viejo azul, logrando agradecer dentro de mí, esa voluntad que los dioses han programado en el software de mi S.O. mental. Lo más bello de todo fue el clima, un mal tiempo precioso que pintó a la playa de un tono grisáceo bello que solamente me evocó a los paisajes de Saturno.

   Al tercer día, en una de mis caminatas habituales, llegué a un despoblado más allá del último hotel de la zona, y encontré un cadáver arquitectónico; no estoy precisamente seguro de qué función pudo haber tenido en vida, pero parece ser que tuvo que ver con algo de bienes raíces. Un lugar precioso, con muros fuertes y anchos, ventanas opacadas por el tiempo y la brisa ácida del mar, sus entrañas eran una delicia sin igual, con paredes de tablaroca muñidas por las inclemencias crónicas y un techo prefabricado que se caía a trozos revelando tubos de aluminio gigantes que recorrían como gusanos  las estructuras de metal oxidado que circundaban sobre mí, esos tubos flexibles, pudieron haber formado parte de una instalación de aire acondicionado, hoy transportan arena y óxido. Los caminos exteriores estaban infestados de hierbas corredoras ya secas mientras que el resto fue devorado por la playa, como si el viejo azul quisiera reclamar su territorio digiriendo lentamente aquel derrotado titan de concreto. Sentí pena por el, y mi compasión me llevó a tomar la siguiente fotografía, con el propósito de que no vuelva a ser olvidado, al menos por mí.

   Hoy me encuentro de regreso en mi casa, a mi habitual costumbre, y me he dado cuenta, que de lo contrario de lo que pensaría la gente, mi vida normal es el sueño, y estar junto al mar tomando fotos, para mí es la realidad; es esa verdad incómoda con la que tengo que lidiar cada que despierto en un estado que no tiene mar. Por eso, estoy seguro, que en algún momento de mi vida, he de vivir en una playa gris nublada y sin sol, fría y tranquila, que me sentiré como si nadara en un Mare Tranquilitatis. Entonces despertaré.